cuentos de vida

No hay amor entre locos

Entre locos no hay amor.

Me duermo dormida,

Me duermo atontada,

Con ganas,

Sin el beso de buenas noches, porque ya no hay buenas, solo noches.

Ansío el día en el que pudiera reinventar aquella noche de cumpleaños donde pensé en cenar en la sala, con las luces apagadas, mirándote, mirándonos.

El aire me mata, me va matando lento, me saca algo de adentro que había escondido para el viejo amor que ya había sufrido.

Me faltan labios, me sobran manos para caricias y las ganas de explorarte son tantas como las que tengo de alejarme. Ser la cuerda no es lo mío, si esto es un lío de locos, se me acaba el tratamiento, te me acabás vos.

Extraño el cortejo como los otros lo viven, las noches de pancakes, las tardes de pizza, las aventuras a la luna, extraño los días en los que ambos nos escabullíamos del mundo, pero odio las noches en las que te escabulles del mío, en la misma casa, en distinto cuarto. En ocasiones he llegado a envidiar a las puertas del baño, porque pasan más tiempo contigo en silencio y contemplación que tú conmigo en el amor.

Me marcho, y no sola, sino que con el corazón en la mano, aún latiendo, bombeando, buscando razón; y el pecho como en llama me pide que no exista más ansiedad, que una pérdida más como esta me dejará en la calle del olvido, entregándome al destino como una quién no creerá jamás en el amor.

Aunque hayamos hablado de las mil y unas lágrimas derramadas, pronuncio un te amo porque puede que sea el último que lleve conmigo, que entregue al destino y que susurren mis labios.