cuentos de bus

Carta al cuervo.

Me enamore jodidamente de lo malo, de lo que lastima. Unos lo llaman masoquismo yo al menos lo podría llamar estupidez humana.

No es que los humanos seamos estúpidos, es que tenemos muchos momentos tontos, al menos así me lo enseñaste. Me enamore porque aprendí de quien aprendió a enseñar.

Jodidamente podría decir que si he de morir hoy, no existiría mejor placer que el de decir: morí de amor.

Sin preguntar, sin avisar y sin colarme en la fila me toco el tiquete de la perdición. Puede que haya comprado los 100 números de la rifa, los haya pegado y sí jodidamente tengo la suerte de querer, que sea por suerte.

Me enamore de momentos, porque aprendí a pelear con una sonrisa; he llegado a odiar el verbo dedicar. 
Me enamore de lo que me hacia daño no porque sea malo, es que no he de encontrarse siempre en la lista de deseos. Tome la lista de deseos de alguien más; precio que he pagar caro en el limbo, pero con gusto he de saldar; si ha de ser pecado enamorarse de lo malo, que los buenos sigan viviendo en la agonía.

Llegue a entender porque Frida pintaba con pasión, muerta en vida llegó a estar de amor. Porque muerta en vida se he de caminar cuando le vendes el alma al mejor postor, al que te jode. Aprendí a extrañar con la piel y no por necesidad ni seducción, sino porque ha de calar hondo cuando duele extrañar.

Si es que en esta vida llegamos a amar poco, jodí la mía, tome en el peor momento el bus en el que no debía de subir. 
Si confundida y muerta en vida debo de caminar, que me visite el cuervo cuando quiera que el alma empacada esta. Confieso que he llegado a sentir miedos que nunca pensé llegarían, el miedo a perderme por ejemplo; aunque debo de admitir que no le tengo miedo a la vida, ni a la muerte, ni a lo que ellos llaman soledad y menos a perderte. Perdida ya he de estar, pero mi mayor miedo será encontrarme.

Si he de seguir viviendo he de vivir sin quererte, no porque duela el extrañarte más ya es costumbre; si he de joderme la vida de amor que sea testigo quien lo ha de provocar y no que un simple amor de cuervos.