poemetría

En el cuarto de atrás.

¿Alguna vez te has preguntado por qué las mujeres lloramos?

Bueno, lloramos de impotencia, algunas veces de felicidad y otras de desamor. Muy en el fondo creo que llorar es parte de eso que llamamos sobrevivir, pero a pocos vamos muriendo y las rosas se marchitan, no se puede admirar una rosa marchitando sin haber soltado una lágrima.

Creo que a todas y a cada una de nosotras nos ha tocado oír o aún peor ver una mujer llorando, y es aún más triste si no conoces la razón. El nivel de impotencia te llena el cuerpo, y quieres sacar de tu bolsillo tal vez la pastilla de la verdad, para que ella entre en razón y suelte en sí todo lo que lleva por dentro, la pastilla mágica. O tal vez puedes sólo tocar a su puerta.

Una de las tareas más difíciles de convivir a diario con más de 20 mujeres, 20 historias y 20 sonrisas, es tal vez llegar a reconocer cual de aquellas, tal vez la que se mira más fuerte e independiente, te vaya a dar una buena sorpresa en el día en el que menos lo esperas. Y es que tal vez en ese día tu sonríes, sonríes porque tal vez es parte del karma; recuerdo que más de una vez fui yo la del cuarto de atrás, muchas veces ahogándome en rabia, en un llanto de impotencia mortal, puedo jurar que tal vez por culpa del desamor; y ninguna de aquellas 20 tocó a mi puerta. Tal vez un abrazo gentil hubiese cambiado la sonrisa del siguiente viernes, de mis siguientes viernes.

El orgullo nos toca, y yo escucho su llanto, muy cercano al mío, muy lejano de aquel que lo causó; y me aferró, me aferró a no tocar su puerta porque puede que sea un mal momento en el que no debo, en el que no puedo.

Tal vez en el cuarto de atrás exista un llanto similar al mío, una historia similar a la mía y puede que también, un desamor similar el mío. Pero no ha de ser mi momento, son las lágrimas de otro, la felicidad en este momento es muy mía.