El Diario de Pili

La extraña cita de David

 Día 1. 

Sentado David la miraba, rodillas delgadas y hombros anchos. Empezó a obsesionarse con la forma de sus dientes a pesar de que su sonrisa era falsa como la soya, llegó amarla con solo mirarle. 

Blusa de flores, enaguas en A, café a las 8:00 a.m., receso a las 9:15 a.m., almuerzo, labial, café a las 3:00 p.m., llegada a casa.  

"¿Es normal la obsesión con el labial rojo Channel número 6?" - se preguntaba la mayoría de las ocasiones. 

Una mujer de huesos pesados y ojos encontrados, cubiertos de una pasta oscura como la noche, con 6 dedos de frente y una forma de sonarse los dedos cada vez que aplicaba crema de lavanda en sus manos; crema de la que se encontró en su rostros aquella noche. Ni de su bolso, ni de sus pertenencias, tampoco encontraron su dignidad ni sus senos. Mucho menos su belleza.  Una noticia trágica para un labial tan hermoso y simple.  

Recuerdo la mirada de David, aquella misma mirada que hace el alma al librarse escuchando una sinfonía de Bethoveen.  

"Lo que no le sirve a la vista, que no estorbe. El mundo no está hecho para mujeres de huesos pesados y hombros anchos."- me dijo.  

El mismo diablo rechazará su alma en pena y será enviado al purgatorio. La salud de David se deteriorará, sus manos sudan y sus ganas de comerse al mundo son aún más grandes.  

¿Cómo calmas a un loco enamorado de la belleza?