cuentos de vida

Cuando el primer amor llega a las manos

Ganadora orgullosa del Primer Concurso de Relatos Eróticos Falsaria.

Algunos dicen que se llama satisfacción, otros orgullo y algunos como yo lo llamamos ver crecer a un bebé. Mi túnel 93 está por cumplir un año y a menos del mismo llego al primer vagón pasajero tan especial que a lo mejor algunos de ustedes ya conocen. 

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El 16 de diciembre del  2014, participe en mi primer concurso a nivel de escritores internacionales. Soy parte de la comunidad de Falsaria en España desde hace menos de un año, me uní al mismo tiempo en el que empecé a construir mi Túnel 93. 

¿Se preguntarán por qué Túnel 93? A mis 16 años, en medio de una conversación con mi mamá y mi hermano Sebas, Nora trajo a la mesa el tema del equipo de trabajo. El equipo de trabajo son las personas que Dios te pone en el camino para que podás aprender de la vida, construirla y pintarla, para mi ellos son como mis crayones. La vida misma en ese dibujo blanco y plano no tiene límite sino hasta más allá de 93 millones de millas, cantidad de millas que existen de acá al Sol; mi vida funciona así. Es un gran túnel de pasajeros que se han montado en el tren, bus, dibujo, plano, plan de Dios o como querás llamarlo, en el que me llevan de aquí a 93 millones de millas todos los días. 

Inicie escribiendo en mi teléfono, cuando viajaba en mi antiguo trabajo en Limón desde San José y viceversa, luego pase a las hojas sueltas, la computadora y pues he llegado ha acumular casi 15 libretas de notas en las que inicio siempre un nuevo cuento, relato, poema o invento. 

Me gusta escribir. Amo escribir. 

Pero escribir tiene un reto, escribir por escribir no es por sí solo un arte. Omitamos las faltas ortográficas, creo que las mejores piezas tienen sus defectos, ¿o me vas a decir que la comida siempre se ve perfecta? Claro que no. Y aún así es deliciosa. Lo mismo resulta para mi el escribir; escribir me deja conocer a las personas, cuento partes de mi vida que sé que alguien más ahí afuera puede estar pensando en su cabeza, mis cuentos son míos y no porque yo los escriba, es porque aprendí a darles un pedacito de mi a cada uno de los personajes y por eso los amo tanto. Vivo a mis personajes, lloro con ellos y también me rio por dentro, sufro cuando los hago sufrir, cuando sienten desamor pero cuando también encuentran en sí mismos la felicidad, es túnel de más de 93 millones de emociones. 

Así me sucedió con Carta a venus, como les iba contando, participe en mi primer concurso de relatos a nivel de escritores internacionales. Mi mamá me impulsó como cada día, mi mejor amiga Mónica; Él, el crayon del que me enamore y me enseño a llevar mis exigencias a otro límite a mis 21 años nada más (pocas veces te lo digo pero gracias), compañeros de trabajo y mis chicas, las que existen por el relato y el relato existe por ellas. 

A mis 21 años siento que la felicidad existe, y la vida me dio una bofetada grande. Pensé que si trabajabas duro y te pagaban mes a mes eso era ser feliz o al menos podrías comprar cierta parte de ella, que si tenías cosas materiales y amigos también podrías lograr ser feliz. Lloré como siempre lo hago, lloré porque por primera vez en mi vida toque un libro como nunca lo había hecho, el primero de muchos personajes que irán en mis vagones. Trabajar duro aplica para todo en la vida, pero cuando se hace con amor, dedicación y orgullo el primer amor y muchos más puede que lleguen a sus manos. 

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Con más de 250 relatos participantes, mi Carta a Venus enamoró al jurado y heme aquí. Hay 15 relatos más que merecen ser leídos y por eso los invito a que compren el libro; no a mí, no a mi relato, tampoco a Falsaria, sino al talento. Muchos de estos escritores son como ustedes y como yo, gente apasionada. Así que pues sin más que decir, lo pueden comprar acá (vale $6 nada más): http://goo.gl/sHDwSP

Gracias a los que me leyeron, los que siguen leyendo y los que espero sigan siendo parte de mis personajes en el túnel. Disculpen las faltas, para eso estamos.