La "ernalda"

 

A mis 13 años aprendí a pintar sobre madera; recuerdo que uno de los proyectos en el curso con mamá era el de adornos y chucherecos navideños. Pintamos alrededor de 15 piezas de Navidad aparentando ser las perfectas para el árbol; aunque no eran las más hermosas ni tampoco eran las indicadas en decoración del hogar, para la época nunca faltaron en la refri amarilla de la casa. 

De mi viejita aprendí que lo que se hace con las manos se debe de adorar mucho más con el corazón; porque al fin y al cabo la pintura extra de amor que llevan las cosas nunca se desgastan. Cada año adoraba colocar los chunches feos, viejos y rayados, ningún nieto podía travesear los adornos ni mucho menos perderle uno. Mi palomita adoraba decorar, no sabría decirles si era su época favorita pero recuerdo que me hizo quemarle el cd de Los Bukis en Navidad, además de todos los villancicos que mi mamá pirateara cada año. Todos somos de los mismos. 

Aunque la casa era pequeña, el calor a Navidad iluminaba la ventana de la puerta con lindas luces de colores que a veces y hasta sonaban. El mantelito navideño no podía faltar, mandaba a coser un mantelito para decorar la mesa; siempre y cuando se quitara el mantel antes de comer cualquier gente era bien recibido en el apartamento. Mami aprendió hacer tamales que durante años sé que no nos hicieron falta, también he de decir que nunca, jamás, habrán tamales más deliciosos como los suyos, ¡ay del que metiera mano en esa masa!, mi tarea (ya fuera en su casa o en la nuestra) era limpiar las hojas hasta que a los 16 o 17 ya tuvo la confianza suficiente para encargarme las zanahorias y el chile dulce. 

Mi Navidad favorita era la "ernalda", como no teníamos el espacio suficiente en el apartamento para hacer un arbolito (y al final nunca descifre si era que no le gustaba), mi vieja decoraba con la famosa "ernalda", una linda tira de zacate plástico con bolas, luces y cuanta carajada se encontraba; aunque doña Eliza tenía buen gusto, no era de esas que ponían perros y gatos en el portal. La ernalda no era más que una famosa "guirnalda" guindada de cada esquina en la ventana, a veces hasta en el pasadizo. Su emoción era el ver la suya en casa. Como te encantaba, ¿verdad? 

Espero que este año mi Mariposa le haya decorado la casa a María con la ernalda y que todos allá arriba se encuentren en estado de engorde con sus tamales. 

Hoy dos años después, me doy cuenta de que la Navidad es eso, adornar con el mucho amor que se pueda, el resto es solo chunchereco. 

La Lola. 

 

 

¡Hola! Soy Tayi, una escritora de cuentos costarricenses. Si te gustaría continuar leyendo mis cuentos,  da click en "Blog" o bien visitame en Facebook para conocer tu historia.