La prima de Luis murió de amor.

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Salió en los periódicos, el 20 de marzo Isela había muerto. Casi trágico, casi irreal, como esos cuentos que cuentan los ancianos en los parques, casi como aquellos chismes de vecindad que van de puerta en puerta, de portón en portón.

 

Con casi 21 años, con dos manos por delantey unos cuantos sueños por detrás, Isela murió de amor. Pero no del amor que te lleva a la ruina y la tristeza, tampoco de aquel abusivo amor que te golpea hasta las amebas y te atonta hasta los más fríos sentimientos. Isela, la prima de Luis, había muerto del amor verdadero, del que galopa en el corazón, el que te deja sin respirar al dar un beso, de ese amor que te enchina la piel al mirar sus ojos casi dorados, casi perfectos, casi cristalinos; era el amor mismo.

 

Recuerdo haber visto a Luis sorprendido, casi enfático en que el amor no existía tal cual él lo imaginaba que fuese. Nunca había visto a Luis tan decepcionado de sus casos de amor en la vida.

 

El corazón de Isela había sido extirpado por el mismo amor, poco a poco dejo de hacer funcionar sus pulmones solo para no necesitar respirar otro olor que no fuese el de su amante, le había robado la inocencia de un abrazo. El amor le había arrebatado sus risas nerviosas. Ese amor que decidió llevarse su virginadad antes del matrimonio había destruido el futuro de una familia en ruinas.

 

La pérdida de Isela no es más que un desgraciado evento milagroso, una muerte que trae consigo destrucción en una mano y vida nueva en la otra. De lo único que puedo estar segura es que, en aquella mano, la de la muerte misma, venía consigo una nueva vida para Luis.