Mi viejo.

Hoy me acorde de tí, y no fue por la lluvia en sí sino por el olor de la misma. Recordé las tardes de visitas; casa blanca, portón rojo. Recordé las navidades, que recrearon en mi infancia la importancia del ser familia, jamás recibí el feliz navidad sin tu feliz navidad; en la misma, casa blanca, portón rojo.

Y no es por la época, no porque se aproxime decirte feliz navidad. Pero es que recuerdo la navidad en que no estuviste; no estuviste, fuimos a ti; triste y opaco cuarto... La navidad en la que poco a poco nos preparamos para tu partida...

Hoy te recordé, porque no me es difícil olvidarte; gran señor, alto, piel canela, ojos brillantes, olor a mi viejo. Admito llorar tu ausencia en silencio; pero, no lagrimeó sino que sonrió... Porque en ti, gran señor, alto, piel canela; conocí el ideal de lo que debe ser un hombre fuerte y valiente pero frágil y delicado como a un libro.

Recordé nuestros paseos a Alajuela, tu paraguas, mis vestidos.

Recordé tus abrazos.

Recordé extrañar los picadillos de "arracache" y ser, de hace 8 años hasta la fecha, la más exigente en este arte culinario, porque no había nadie como tu que disfrutará de ese arte.

Recordé tu suéter café. El olor a suéter.

Dicen que los viejos como tu llegaron para chinear a los guilillas como yo, y que más fortuna que decir que de tu sangre yo soy parte. Que recordaré de ti tu paso a pasito ligero, tu paciencia, los abrazos y las navidades.

Hoy te recordé y no es porque la lluvia se reflejé en la ventana, es porque en mis recuerdos no hay día en que no brille el rocío.