El oficio del desempleo.

Esto del desempleo es cosa sería. Y bueno todos los casos son distintos, pero hoy quiero contar el mío.

El desempleo en mi caso viste de caviar y se pone cachondo entre semana, pero los fines de semana se convierte en las ganas de un nuevo camino precaminoso y mal vestido. La tasa de desempleo en Costa Rica va en aumento, cada vez hay más "ni-nis", la gente quiere vacilar más y trabajar menos, el disfrute es más caro que tus horas laborales pero pagamos ese disfrute porque bueno eso lo pagan nuestras horas miserables mal gastadas ocho horas al día (o más), cinco días a la semana (o más), los doce condenados meses del maldito año.

Y, ¿Qué pasaría si todos nos volvemos "hippies", y decidimos tener un nuevo Dios del desempleo? Pregunta estúpida verdad, quien dejaría de trabajar, el mundo simplemente no correría y bueno del lado oriental del planeta sería imposible que tanta manufactura deje de caminar.

Estar desempleado es todo un oficio, es el oficio de decidir. Debes de decidir si quieres seguir a la manada y caminas junto a ellos, o si caminas en reversa con crucifijo en mano y un iPod.

Seamos sinceros, todos odiamos trabajar; pero cuando te das cuenta de que no trabajas sino que a la vez juegas en un gran mar de aventuras, eso no es trabajar, es aprender. Pero dirás, esto es un simple pensamiento de alguien que ha llamado al 90% de su vida el tener un “plan no plan”, soy de carácter impulsivo, pocas veces me ataca el lado cuadrado de la matemática emocional, compulsiva de cuando en cuando pero toda una “Nah! No pierdo nada si lo hago”.

Entonces me dirás: "¿A mi me pagan por jugar ocho horas al día (o más), cinco días a la semana (o más), doce malditos meses de mi vida?", pues no, pero si.

Las situaciones en la vida son complejas y hace poco en una publicación de Facebook de una amistad vi una imagen que decía "Terminantemente prohibido quedarse en la zona de confort". ¿Qué más complejo que eso?, no lo se apenas tengo 20 años (a lo mejor ustedes lo saben mejor que yo); pero si se que las zonas de confort te absorben y te quedas en ellas porque el mundo es muy, muy, muy grande para ti ahí afuera.

¿Pero es qué entonces todos vivimos en una zona de confort?, tampoco lo se.

En mi caso el desempleo es un caos en la carpeta de mi cabeza, casi existencial, casi casi pero aún no logra completar la miseria. Uno de mis mayores miedos en la vida es aprender a nadar; si lo se, como en pleno siglo 21 alguien no sabe nadar... Ese miedo de aprender a nadar es distinto pero va algo similar a los famosos miedos de Gustavo. El miedo a nadar se resume a que si aprendo a nadar, ese miedo de ahogarme se irá y lo voy a extrañar, entonces nace este nuevo miedo a extrañar el miedo a nadar; algo así sucede con el oficio de trabajar o de estar desempleado.

¿Podría vivir el día a día, que la vida me sorprenda y no tener un plan? Pues si, en mi plan parcial de la vida está carajada funciona así.

El desempleo para muchos se ha vestido de distintos trajes, formas y colores. Pero el mío sigue cachondo entre semana y pordiosero los fines de semana.

El instinto instante de querer saber si aprendo a nadar o no, y dejo a Gustavo en una caja o no, eso me emociona terroríficamente. Lo que sí se es que esto de estar desempleado en un estado mental parcial de tus planes es todo un mierdero por resolver (o mejor dicho, por limpiar), cosa que me llevara a un único punto: trabajar por el mierdero del oficio por el desempleo en mi cabeza.