poemetría

Paz dibuja a José

“Ella lo ve en sus sueños y él, en otra mirada. Los dos encontraron sus ojos ante las estrellas y prometieron amarse por un día tan solo, donde un “Te amo” fuera sincero y la forma en la que los abrazos fuesen dados tuviese tanto peso como el mismo pecado.

Se amaron cual choque de estrellas, sin la luna y sin marea, sin recuerdos entre tierra y secretos a la luz. Se amaron hasta el último suspiro.”

Escribir historias de amor puede volvernos vulnerables, en algunas ocasiones convertirnos en almas caminantes, sin tiempo, sin sentido, sin pensar. Alguien como yo podría contarte la verdadera historia de Paz y José; pero decidí contarte una de las tantas mentiras que ellos, los mortales, tú y yo le hemos prometido a la luna. Ella fue testigo de todo, sus peleas, sus mentiras y su forma extraña de amar.

Se amaron hasta el último suspiro, eso es cierto. Prometo no mentirte de ahora en adelante.

Esta historia de amor sería trágica si piensas que Paz o José están separados, no lo están. Sólo se encuentran adormecidos por una nueva vida.

A Paz le gusta dormir, a José la música y bailar, aunque aún no aprende bien como manejar sus dos pies izquierdos. A Paz le gustan los desayunos, a José el helado en tarro, el de higos es su favorito. A José le gustan los colores alegres, a Paz se le ven muy mal el color amarillo y el naranja. A José le gustan los ojos de Paz y a Paz, la sonrisa de José: su sonrisa mide el tamaño del Monte Everest en un verano tropical, la de Paz es una sonrisa de Mona Lisa. Ambos se hicieron reír hasta llorar, llorar hasta reír. Los dos se conocen lo suficiente como para estar callados el resto de sus vidas; aunque a José le gusta hablar, Paz es muy tímida.

Paz extraña a José, José lo sabe pero si estuvieran juntos esta no sería su verdadera historia de amor, amor real. Paz escribe y José la lee a escondidas, y ella lo sabe. A José le gusta pensar en ella, y ella aún no cree que sea cierto. Ambos se conocieron un día de Julio, Paz sonrió al ver su sonrisa y supo que ese podría ser el escenario de su vida por el resto de lo que quedase por respirar, aún Paz la describe como la sonrisa más bonita de su vida. Paz no era nadie, él si era un todo.

Dos años, unos cuantos meses y mil noches. Pocos abrazos, muchos besos y miles de sonrisas.

José entiende a Paz, ella aún aprende, pero ambos entienden que la luna sufre de amnesia de cuando en cuando y se le olvida escribir su camino juntos, aunque sí lo estén.

A Paz le encanta soñar despierta, pero está adormecida y camina sin sentido. Dibuja sobre un papel grande sin crayon, garabatea al aire como escribiendo sobre el cielo el trazo de esas nuevas estrellas que a la luna se le olvidó pintar por ellos.

Luego de una tarde de lágrimas, Paz me muestra su dibujo; era José, pero él ya no me miraba a mí, ni a ella. Paz suspiró y me susurró: “Duele, ¿verdad?”

“Se amaron hasta el último suspiro y no como el de los muertos, sino como a los suspiros de amor, cortos pero lo suficiente para calar una eternidad.”

Le prometí a José una carta de amor, espero esta sea la última, lo suficientemente corta como para calar una eternidad cual un suspiro.