Un precio a los abrazos

Pongámosle un precio a los abrazos, que sean más caros que un beso sencillo pero más importante que una mirada.

Pongamos un precio a sentirnos mejor luego de tener el placer caluroso de un abrazo.

Para que aquellos que no abrazamos con frecuencia sea un lujo; aunque sea innato que siga siendo poco usual. Nos hemos acostumbrado a besar a cualquiera, pero un verdadero beso acompañado de un pequeño empujón caluroso, eso mis queridos, se da con poca frecuencia. ¿Y saben porque?.. Porque le tenemos miedo al espacio, miedo a sentirnos atrapados o encerrados.

¡Encerrémonos en abrazos!...

Si innato nos sale y es una enseñanza aprendida que en el mundo decir gracias no sea una palabra, sino una señal de cariño.

Que si estando solos nos sobra el tiempo y nos falta el aire, regalemos una sonrisa entre las almas.

Pongámosle el precio a sentirnos humanos, que por eso hay tanta gente fría que pena, tanta hambre de amor y tanto lema sin resolver. Que si de política hablamos, que abrazar se en público entre extraños sea una nueva ley, y que si el asco no te lo permite te declaren cárcel por seguir siendo una máquina.

Lloraríamos menos cuando nacemos si nos abrazan, y sobraría mucho espacio bajo la tierra si nos entierran juntos.

Se nos ha olvidado sonreír entre cuerpos, pongamos un precio a eso.