Un mar de gente mierda

La gente te daña, te grita, te culpa y no les importa, te pueden ver tirado en el suelo y no les importa.

Comer mierda es de aquellos que somos inconformes, que nos gustan las cosas a nuestro modo, comemos mierda los que nos preocupamos. El problema es que comemos mierda solos, y saben que, a nadie le importa.

Es difícil escribir cuando estás molesto, principalmente cuando en ese preciso momento te lleva la puta que te parió. Es aún más difícil hablar, pensar y actuar cuerdo.

El francés solo se saca a relucir cuando estamos molestos, cuando los Dioses callan y nos sentimos solos; sus pies gigantes nos pisan y creen que porque son más sabios tu destino debe ser el “ves, te lo dije.”

El “ves te lo dije” se inventó para que aquellos que comemos mierda nos sintamos más mierda de lo que ya somos. El mundo puede derrumbarse dentro, podemos sentirnos impotentes que solo pocos y aquellos que verdaderamente te conocen se acerquen a decirte: “esta bien, la mierda son ellos.”, pero hay pocos, hay pocos Dioses que no se acerquen a pisotearte, esos Dioses son mudos porque en sus palabras no cabe el “ves, te lo dije.” Y tampoco existen, sólo en tu cabeza.

Qué me tenías que decir, ¿qué me ahogo? ¿qué me quemo? ¿qué pierdo mi destino entre el destino de todos? Dejame contarte algo, ya eso vos y yo lo sabemos. ¡No me lo tenés que decir!

Creemos que porque somos grandes no podemos llorar como niños y que los más grandes saben más que nosotros aunque sus zapatos nunca quepan en los nuestros.

La gente es mal agradecida, creen que le debes un pedazo de tu alma porque los haces sonreír. ¡No los hagás sonreír fierro que si te ven les debés!, y cuando la miseria se acerca te lo echarán a la cara.

A esos, que se creen más grandes que vos y aún más grandes que los Dios que juegan con tu destino, esos merecen un “andate a la mierda, vos y tu mierda.”

Suficiente tengo la mía.