cuentos de bus

La visita de las seis.

Cinco para las seis, la locura despertaba y la desesperación bostezaba. La loca de Laura gritaba "cinco para las seis, cinco para las seis, cinco para las seis, seis para las ya, cinco y cinco, cuenten, cuenten, cinco para las seis, CUENTEN"

"¡Cálmate loca!", anunciaron todos.
"¿Que me calme? Calma, calma que la calma se avecina... ¡Me desesperan!", respondió entre dientes.

"A mi no me metas en tus locuras, loca de manicomio" exclamo la desesperación.

Se reía en el rincón, el rincón se reía, no sabía porque pero su quijada se caía, la volvía a sostener una carcajada del alma, porque ambos se reían. Eran las cinco para las seis.

"Pero yo los puedo calmar, a ver juguemos un juego. ¡Pero ya! Antes de que sean las cinco para las seis, en cinco serán las seis y ya en las seis no podemos jugar. ¡Juguemos carajo!" suplicaba de emoción la loca.

El bostezo pregunto: "Pero, ¿tendremos que movernos?", escapándosele uno de los suyos.

"¡Sí! A ver pues, como han de jugar entonces. A mover, a mover que son las cinco para las seis", dijo Laura.

"Pero yo no lo veo. Yo ya no veo Laura, se esta poniendo oscuro y no te veo. ¡Ya no quiero jugar!" Anuncio el reloj.

"¡Se los dije! A mover a mover que son las cinco para las seis. Mueve, mueve que el sol se mueve, juega, juega que la niña juega. Grita, grita que la niña grita. ¡Ah! Ahí viene." a paso lento se acercaba, "Se los dije, ustedes me desesperan, siempre es lo mismo, siempre son las cinco para las seis y en cinco son las seis, y cuando sean las seis serán para siempre las seis. Me desesperan, me hacen llorar y ¡Les gusta verme llorar! Son crueles, siempre quieren que sean las cinco para las seis. 


¡Allá arriba! ¿Porqué lo haces? Te gustan las torturas, me torturas siempre quieres que sean las cinco para las seis y haces que en cinco sean las seis. Te has de llamar Dios pero no te creo nadita, nadita. ¡Es tu culpa! Y ustedes se dejan, inútiles." Gritaba la loca a más no poder.

Ellos: "Ya Laura, siempre es lo mismo con vos. Siempre jodes y lo haces enfadar."

"Pero ya son las cinco para las seis, y en cinco serán las seis. Y ya ustedes no quieren jugar", lloraba.

"Te prometo extender mis manos mañana para jugar contigo Laura" replico el reloj.

Laura: "¡No! Siempre me dices lo mismo"

La desesperación en su punto grito: "¡Soltála ya locura, que la vas a matar! Despierten a la ansiedad, un día de estos me voy a suicidar Laura, me vas a suicidar."

Reloj: "Jajajajaja”, carcajeaba. ” Ya se despertó, que no lo habían notado.

Te lo diré lento, lento Laura. Hoy no son las cinco para las seis, antes si eran las cinco para las seis, pero faltaban sólo cinco para las seis y ya no serán las seis, porque ya lo son y al ritmo de mi compás ya no serán. ¡Porque ya lo son!"

El silencio levanto la mirada, miro a su alrededor y vio a la ansiedad montada sobre Laura, la miraba fijamente mientras que de sus ojos rojos salían escamas de tiempo, se las había robado al reloj, y estaba tan loco y cuerdo como la desesperación, porque también se lo había robado. El silencio miraba, miraba como la oscuridad entraba, Laura gritaba hasta arrancar sus uñas, ensangrentada le gritaba al reloj, le gritaba a la desesperación y pateaba a la ansiedad mientras ella agarraba de sus dos patas a la locura y la amarraba junto a Laura, la habitación quedaba oscura. Ya no querían jugar y entre tanto berrinche y carcajada olvidaron que el reloj a las seis avisaba, porque a las seis él llegaba, y en cinco para las seis el que no estuviese listo, la Candanga se lo llevaba.