Mil y una formas de ser madre

Había una vez, en una pequeña aldea una mujer con grandes desafíos sobre sus hombros.

Su nombre pocos podían pronunciarlo, pero al crecer el mago grande del bosque me reveló el llamado que había de estar esperando por años. El mismo destino me dejó pronunciar su nombre tal cual los años, Mamá. 

Mamá era distinta al resto de las mujeres en la pequeña aldea, no le gustaba cocinar y su tarea menos preferida era los quehaceres del hogar, aprendí de ella que los desafíos vienen en tamaños distintos y con gustos variados, que el ser guerreras no siempre incluye un molde en cada escudo.

He de ser distinta a Mamá y aunque nos niegue la forma de caminar, nuestros gestos al amar son casi un plagio a la esperanza.

Un día, Mamá decidió tomar el reto más grande del lugar, ser el alma de las fiestas y preparar un banquete inolvidable. Durante años Mamá se preparó para el día del gran banquete, entre fiestas, piñatas, pijamadas, karaoke y tardes de café, Mamá fue preparando sus agendas año a año para aquella tarea que el mismo gran mago del bosque le había destinado.

Con el paso del tiempo sus habilidades se tornaron fuertes, la magia de hacer reír a otros y compartir con ellos el significado del valor, hizo que creciera en mi gran admiración.

Cada año, mientras Mamá se preparaba para el gran banquete, nos sentábamos alrededor de la mesa a admirar su agenda, aquella que con gran anticipación recolectaba las fechas más importantes, cumpleaños y recordatorios para nunca olvidar tan siquiera un detalle.

Sus manos se posaban sobre cualquiera de los vals, sonatas y veladas en que las princesas como yo pudiesen celebrar, con tan sólo una pizca de polvo mágico por acá y otro por allá, transformaba desde el árbol de cerezo más simple en una obra de arte en pleno invierno.

El rey, Papá, compartía con ella esa gran tarea y juntos año a año se prepararon para hacer del gran día un recuerdo inolvidable.

Para suerte de Mamá, el gran mago del bosque decidió dedicarle a ella una fecha en especial, la fecha en las que guerreras como ella, con escudo, corona y una gran sonrisa, celebraban un vals para recordarles lo necesarias que eran en nuestras vidas y como el bosque se sentía agradecido por su existencia.

Mamá sigue planeando la gran fecha con anhelo, y cada año nos reunimos a la mesa para ver en ella la chispa de magia y esperanza se crea al combinar sus fuerzas.

He de pensar que mamá planea una gran fecha, algunos de lo seres de la aldea esperan ansiosos el gran vals anunciado pero he de confirmar que no existirá baile más bello que el de su sonrisa cada día al despertar. 

 

-Blog dedicado a Valerie Gomez y su mamá. Espero sigan organizando juntas mil fiestas llenas de sonrisas-